A veces hace falta una canción que nos susurre que no necesitamos a nadie y que somos un poco más invencibles que ayer, aunque no sea cierto. Una melodía que consiga que caiga una lágrima sobre toda esa prepotencia mientras el disimulo se lleva la mejor parte. Y precisamente cuando creas que todo está cambiando, sólo está volviendo a empezar.

